Camino de Santiago

¿Vas a hacer el Camino de Santiago? Aquí tienes unos consejos

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El peso de la mochila. El peso de la mochila es, a parte de la preparación física, el aspecto más importante a tener presente antes de partir. Es necesario reducirlo al mínimo posible, intentando que no supere el 10% o 12% de nuestro peso corporal. En ningún caso debe exceder los 10 kilos, incluyendo el peso del agua. A pesar de que todos los libros y guías del Camino advierten de este hecho, son muchos los peregrinos que deben facturar a casa parte del material, en algunos casos después de haber recorrido tan solo una o dos etapas. Por lo tanto, debe evitarse llevar nada ‘por si a caso’. Además, a lo largo de Camino encontraremos todo tipo de establecimientos donde poder comprar, en un momento dado, aquello que nos sea necesario.

La disposición del material en la mochila. Lo más indicado será ir colocando el material en la mochila separado de forma funcional con bolsas de plástico (que no hagan ruido para no molestar a los compañeros de albergue), y poner las más pesadas en la parte inferior y más próxima a la espalda (para mejorar el punto de equilibrio). También nos resultará más cómodo disponer las cosas de tal forma que siempre tengamos la cantimplora y la cámara fotográfica a mano; así no será necesario descargar y cargar la mochila cada vez que queramos beber o hacer una fotografía.

La sujeción de la mochila. Este es un factor importante para evitar tanto la acumulación del cansancio como la excesiva carga en la espalda y los hombros. Para una correcta sujeción, primero aflojamos al máximo las cintas que se cuelgan a los hombros. Después desplazamos la cinta de la cintura a la altura del hueso de la cadera, teniendo en cuenta que una vez bien apretada nos sea posible tocar con los dedos el hueso por encima de la cinta. Apretamos fuerte esta cinta de la cadera y ajustamos las cintas de los hombros sin tensarlas, de tal forma que podamos poner sin dificultad los dedos entre estas cintas y el cuerpo. De esta forma conseguimos que la mayor parte del peso de la mochila se cargue directamente sobre las piernas, liberando considerablemente la espalda y los hombros.

 

 

¿Qué Camino elegir? El auténtico Camino de Santiago, y el más fiel a la esencia de las antiguas peregrinaciones, es aquel que empieza en la misma puerta de nuestra casa. Pero es obvio que hoy en día, para muchas personas, las obligaciones laborales y familiares limitan el número de días disponibles para andar. Además, los Caminos menos concurridos suelen presentar algunas dificultades importantes: carencia de albergues y de alojamientos, señalización austera, largas distancias entre poblaciones, soledad, etc. Así pues, para los más neófitos no hay duda, el Camino más adecuado para una primera toma de contacto con el mundo peregrino es el Camino Francés. Éste es el Camino más asequible, por la gran cantidad de albergues, alojamientos y servicios, por la poca distancia entre las poblaciones, por la buena señalización, por los numerosos peregrinos que encontraremos, etc. También porque el Camino Francés es el más rico en monumentos, historia y cultura (junto con el Camino de Le Puy). Para aquellos que ya hayan recorrido este Camino y, por lo tanto, tengan algo de experiencia, el número de otros Caminos interesantes para andar es casi ilimitado: el Camino Aragonés, el Camino del Norte, el Camino de la Plata, el Camino Catalán, etc.

¿Empezar desde Roncesvalles o desde Saint Jean Pied de Port? Para aquellos que quieren hacer el Camino Francés esta es una duda habitual. La etapa de Saint Jean a Roncesvalles es la más dura de todas, no tanto por la distancia como por el fuerte desnivel, superior a los mil metros. Así pues, para quien no esté avezado a las largas caminatas por la montaña es aconsejable no arriesgarse y partir desde Roncesvalles, haciendo etapas suaves los primeros días. Para los más montañeros y mejor preparados no hay duda que sí vale la pena empezar desde el precioso pueblo del País Vasco francés y recorrer una espectacular etapa que cruza los Pirineos.

El Camino Francés está tan bien señalizado y dispone de una red de albergues y de servicios para los caminantes tan amplia, que con una sola hoja con un cuadro con las distancias entre las poblaciones y los servicios que estas ofrecen será suficiente para hacer el Camino sin problemas. De hecho, son bastantes los peregrinos que tan sólo llevan esta información y no tienen especiales dificultades. Ahora bien, si es la primera vez que vamos al Camino, le sacaremos mucho más partido si nos preocupamos un poco en conocer algo más: los monumentos más importantes y que merecen una visita, un poco de historia y cultura sobre los pueblos por donde pasamos, algunos datos sobre el paisaje y la geografía, una pequeña descripción de las variantes del recorrido, etc. Cierto es que cada uno va al Camino con sus inquietudes e intereses, y que el arte es tan solo un aspecto más de un trayecto en muchos sentidos apasionante, pero, aún así, me parece una lástima que, por ejemplo, algunos peregrinos pasen por Redecilla del Camino sin tan siquiera molestarse en entrar en la iglesia parroquial para ver, aunque sea un momento, la magnífica pica bautismal románica. En internet podemos encontrar abundante información sobre este Camino (en esta misma web en la página de los Caminos Principales) y, por tanto, no es imprescindible comprar ninguna guía. Ahora bien, en mi opinión, la calidad de la información y el nivel de detalle de los mapas, hoy en día, es superior en las guías escritas que en las guías virtuales.

En comparación con el Camino Francés, los otros Caminos tienen un nivel de dificultad superior. Por lo tanto, a no ser que uno tenga un espíritu muy aventurero, es aconsejable hacerse con una buena guía.

Las etapas programadas y las prisas. No es necesario decir que cada uno puede hacer el camino como quiera y, además, los consejos moralizantes no forman parte del estilo de esta web. Pero sí me permito hacer una reflexión en voz alta. Bien, mejor dicho, una reflexión por escrito.

Pocas cosas hay más agradables que andar libre sin prisas y sin preocupaciones, disfrutando con intensidad de todo lo que nos ofrece el Camino. Pocas sensaciones son tan placenteras como dejar que sea el mismo Camino y nuestras circunstancias las que nos marquen los hechos y el ritmo. Pocas cosas hay mejor que empezar el día sin saber en qué población terminaremos la etapa. Y pocas, bien pocas cosas, son comparables a hacer una siesta bajo un roble o aproximarnos a un pueblo mientras la tarde cae…